Mario Carreño y Sandu Darie ante el arte concreto

Forma, experiencia y construcción de una mirada moderna

En 1957, Sandu Darie situó la pintura de Mario Carreño dentro de una aventura colectiva: la renovación del lenguaje plástico de su siglo. El título de su ensayo, «Mario Carreño en la aventura plástica de este siglo», anuncia esa voluntad de inscripción histórica. Su argumento reúne términos que una lectura apresurada podría considerar incompatibles: emoción y control, intuición y construcción, espiritualidad y relaciones espaciales. Examinar esas asociaciones permite comprender tanto la obra interpretada como la posición de quien la interpreta. Darie escribe sobre Carreño desde problemas que también comprometen su propia práctica artística. [1]

La relación entre ambos adquiere así un interés mayor que la simple coincidencia de dos artistas en la abstracción geométrica. Sus textos y su colaboración editorial permiten reconocer una afinidad intelectual: la confianza en que formas inventadas, ajenas a la descripción inmediata del mundo visible, pueden producir una experiencia humana significativa. Sus obras, sin embargo, atribuyen funciones diferentes al espacio, al tiempo y al espectador. En las pinturas de Carreño aquí examinadas, la mirada activa relaciones que la composición mantiene estables. En las estructuras transformables de Darie, la intervención del espectador puede modificar materialmente esas relaciones.

Propongo leer esa diferencia como una bifurcación dentro de una preocupación compartida. La geometría sirve a ambos para investigar cómo se construye una experiencia; sus posibilidades dependen de las decisiones que cada artista toma sobre el soporte, la organización formal y la participación de quien observa. El ensayo de 1957 constituye el centro de esta lectura. La colaboración en Noticias de Arte, las cartas de Darie a Gyula Kosice y las intervenciones de Carreño recogidas en Revista de Arte aportan los puntos de contraste documental.

Una relación que también se construye fuera del taller

La colaboración tiene una base precisa. Carreño, Darie y Luis Martínez Pedro fundaron Noticias de Arte. Su «Presentación», publicada en septiembre de 1952, proponía ampliar el conocimiento del arte nacional e internacional y ofrecer a los artistas un espacio para comunicar sus ideas, abierto a distintas tendencias. El texto se consulta aquí en la transcripción incluida en un estudio de Abigail McEwen. [2]

Esta actividad permite interpretar su proximidad como una intervención en las condiciones de recepción del arte. Publicar significa seleccionar asuntos, poner en circulación argumentos y dirigirse a lectores que todavía pueden estar formando su criterio. La creación de una revista incorpora a la práctica artística una tarea de mediación: una obra nueva necesita ocasiones para ser vista y un lenguaje que permita discutirla. La asociación de los tres artistas muestra que la modernidad que defendían se elaboraba también mediante iniciativas compartidas.

Un detalle de la correspondencia ofrece una escala más concreta de ese intercambio. El 3 de junio de 1955, Darie comunicó a Kosice que Carreño había recibido una publicación de una exposición Madí en Italia y le había informado de que figuraba su nombre. [3] El episodio documenta la circulación de noticias entre ambos. Su importancia está en esa función de enlace: los impresos conectaban experiencias locales con discusiones desarrolladas en otros lugares.

La relación intelectual se vuelve pública de otra manera en 1957. Darie dedica a Carreño un texto que acompaña sus obras en la publicación del Instituto Nacional de Cultura. Allí Carreño figura como asesor de Artes Plásticas; el colofón identifica a Guillermo de Zendegui como director general. [1, pp. digitales 21–22] Esta precisión institucional ayuda a situar el documento: intervienen una entidad cultural, un artista con responsabilidades en ella y otro artista que formula una valoración crítica. La autoridad del ensayo procede de esa posición implicada. Darie participa en el campo artístico que describe y busca orientar el reconocimiento de Carreño dentro de él.

Darie interpreta a Carreño y define un modo de mirar

El comienzo del ensayo concede a la emoción un lugar decisivo. Los cuadros de Carreño ofrecen, según Darie, «un impacto emocional expresado con determinación». [1, p. digital 4] La determinación introduce voluntad y organización en la experiencia sensible. Desde esa primera frase, la construcción formal aparece como una manera de conducir la emoción.

Más adelante, Darie explica que las obras realizadas entre 1950 y 1957 pueden clasificarse como «abstractas no figurativas»: abstractas por su contenido intelectual y no figurativas porque no copian la realidad inmediata. Añade que Carreño expresa con colores su emoción plástica sobre la superficie de la tela y ordena sus formas con sentido constructivo. [1, p. digital 8] La definición enlaza pensamiento, materia y afectividad. El cuadro conserva su condición de objeto trabajado y de experiencia perceptiva incluso cuando abandona el referente reconocible.

La formulación más reveladora aparece cuando Darie atribuye a Carreño la capacidad de expresar, «bajo un control racionalizado», su «artística intuición». En el mismo pasaje menciona los fenómenos ópticos, las respuestas psicológicas al color, las vibraciones de luz y la textura. [1, p. digital 12] Reducir esta interpretación a una defensa de la geometría como cálculo eliminaría buena parte de su contenido. La organización racional hace posible una experiencia que incluye cualidades sensibles irreductibles a la enumeración de figuras.

La mirada cumple una función activa. Darie describe un «viaje óptico de una forma a la otra» durante el cual el espectador descubre el ritmo y atraviesa el espacio-tiempo del cuadro. [1, p. digital 12] La composición no entrega todo su sentido de una vez. Exige desplazamientos de atención, comparaciones, regresos y reconocimiento de intervalos. El tiempo entra en la pintura como duración de una experiencia, aunque el soporte permanezca inmóvil.

Esta idea permite comprender por qué Darie puede reconocer en Carreño un interlocutor relevante. Quien investiga las relaciones entre formas encuentra en otra obra una organización capaz de movilizar la percepción. El ensayo constituye una afinidad crítica argumentada. Su lectura resulta especialmente fértil cuando se examina junto a los objetos que Darie estaba produciendo, sin convertir por ello cada frase sobre Carreño en una declaración autobiográfica del crítico.

También debe examinarse el alcance de su elogio. Darie atribuye a las composiciones una «intuitiva ley áurea» y termina afirmando que la importancia histórica de Carreño ha quedado demostrada «con rigor analítico». [1, pp. digitales 12 y 17] El texto ofrece observaciones formales, pero no presenta mediciones que acrediten una aplicación sistemática de la proporción áurea. Esa expresión comunica una convicción acerca del equilibrio; por sí sola, no demuestra un procedimiento geométrico de taller. La lectura crítica puede valorar la precisión de algunas observaciones y, a la vez, reconocer el carácter afirmativo y persuasivo de la conclusión.

El significado discutido de lo concreto

La palabra concreto requiere atención a los usos de los artistas. En su carta a Kosice del 14 de julio de 1955, Darie distingue el pensamiento abstracto de la obra concreta que produce y trata el arte concreto como una categoría amplia, más allá de una pertenencia particular. [3] Esa distinción permite comprender que abstracto y concreto puedan designar aspectos diferentes de un mismo proceso.

Desde esa perspectiva, resulta productivo volver a la definición de 1957. Cuando Darie llama abstracta a la pintura de Carreño por su contenido intelectual, está nombrando una actividad del pensamiento. Cuando habla de superficie, colores y relaciones entre formas, se ocupa de su realización perceptible. La aparente contradicción terminológica disminuye si se distinguen esos planos. Sigue siendo necesario, sin embargo, atender a las diferencias entre una pintura que inventa relaciones geométricas y una construcción que introduce articulaciones móviles. Un vocabulario compartido no decide de antemano el funcionamiento de cada obra.

La posición de Carreño añade una voz propia a la comparación. En «Algunas consideraciones sobre la pintura abstracta constructivista» presenta la geometría como una gramática vinculada a la búsqueda de orden y relaciona la autonomía pictórica con la música. [4] En el foro de Sol de Bronce, Ramón Vergara contrapone el lirismo de Carreño a un arte concreto que considera deshumanizado. Carreño rechaza esa caracterización y defiende la capacidad humana de la invención concreta. [5, pp. 17–18]

Este desacuerdo resulta decisivo para interpretar la relación con Darie. La oposición cómoda entre un Carreño sensible y un Darie racionalista reproduciría una frontera que el propio Carreño se resiste a aceptar. La pregunta que surge de sus intervenciones es más exigente: qué entendemos por humanidad en una obra cuando desaparece la figura reconocible. Si la experiencia artística incluye inventar, ordenar y percibir relaciones, la presencia humana puede manifestarse en esas operaciones. La figuración deja entonces de funcionar como su única garantía.

Carreño no interviene en ese foro para explicar el ensayo de Darie. Habla ante otros interlocutores y en otra situación. La comparación entre ambos documentos permite, no obstante, reconocer una convergencia: la emoción que Darie encuentra en la construcción pictórica es compatible con la defensa de la invención que hace Carreño. La afinidad se sostiene en argumentos comparables, sin exigir que sus posiciones sean idénticas o procedan una de otra.

Del recorrido de la mirada a la transformación material

Tiempo en el Espacio, de 1952, permite llevar la discusión a una pintura concreta. En la reproducción del cuaderno de 1957, un campo horizontal reúne líneas delgadas, planos rectangulares y acentos verticales. El rombo, el arco y las figuras triangulares establecen diferencias de dirección y peso visual. La atención puede seguir los trazos y detenerse en las figuras mayores, o reconstruir las correspondencias entre zonas separadas. [1, p. digital 8]

El título invita a considerar una dimensión temporal, pero la composición aporta una razón visual para hacerlo: sus relaciones se descubren sucesivamente. Lo que aparece primero como un conjunto de elementos aislados puede percibirse después como una trama de correspondencias. La interpretación de Darie encuentra aquí un apoyo observable. El recorrido depende tanto de las decisiones del pintor como de la atención del espectador; admite variaciones sin que cambie la disposición material de la pintura.

Tensión Espacial, de 1957, intensifica esa experiencia. La lámina en color permite distinguir dos formas oscuras, alargadas y aguzadas, enfrentadas a una figura clara transversal y a planos rojos y ocres. La concentración visual se produce en los acercamientos, las superposiciones y la oposición entre direcciones. [1, pp. digitales 12–13] La estabilidad del soporte contiene una organización de tensiones. Llamarla estable no equivale a llamarla serena: la distancia entre dos contornos o el contraste de dos planos puede mantener a la mirada en una expectativa que no se resuelve.

Las obras de Darie introducen otras condiciones materiales. El Museum of Fine Arts, Houston conserva una obra sin título de la serie Estructuras pictóricas, fechada en 1956, realizada en caseína sobre una construcción de madera. Su registro describe planos elevados sobre una organización ortogonal. [6] El relieve convierte la profundidad en una propiedad del objeto. La comparación con Carreño exige distinguir ese espesor efectivo de los efectos de superposición que puede producir una superficie pintada.

En Escultura transformable, hacia 1955, del Metropolitan Museum of Art, las piezas de madera pintada están unidas mediante bisagras y requieren la participación del espectador para activar la obra. [7] La articulación añade una posibilidad diferente de la contemplación sucesiva: al cambiar la posición de las piezas se alteran sus relaciones espaciales. El tiempo queda inscrito también en la transformación efectiva del objeto.

La distinción permite afinar qué significa componer. En las pinturas examinadas de Carreño, el artista establece una disposición que el espectador recorre e interpreta. En una estructura transformable, el artista determina además las condiciones de variación: piezas, uniones y posibilidades de movimiento. La intervención del espectador desarrolla un campo de decisiones previamente construido. Su libertad tiene una forma y unos límites materiales.

Esta diferencia no establece una escala de valor. La modificación física de un objeto no garantiza una experiencia más intensa que la de una pintura. Tampoco la permanencia de una composición asegura mayor profundidad. Cada obra debe juzgarse por la precisión con que articula sus posibilidades. El contraste permite reconocer dos maneras de dar duración a la forma: mediante el descubrimiento de relaciones en una disposición estable, o mediante su reorganización material.

El mural y el espacio compartido con la arquitectura

El mural de Carreño reproducido en la publicación de 1957 amplía la comparación. Su pie histórico dice: «Mural realizado en una residencia particular, La Habana, 1954.» [1, p. digital 14] El mural es de mi propiedad y forma parte de mi colección. Su presencia en este análisis responde al interés de una obra que permite examinar la relación entre la organización pictórica y un destino arquitectónico documentado.

La reproducción muestra un campo horizontal con planos rectangulares, líneas de enlace, arcos, rombos y triángulos contrapuestos. Una forma vertical de gran desarrollo encuentra un eco de menor escala dentro del conjunto. La reiteración introduce reconocimiento; el cambio de tamaño y de posición produce diferencias. Puede leerse así un equilibrio asimétrico construido mediante correspondencias que nunca se reducen a una repetición uniforme.

El destino residencial sitúa esa organización en relación con un espacio de vida. A partir de la lámina cabe analizar su composición; la reconstrucción de distancias de observación, iluminación y relaciones exactas con el edificio requeriría documentación de la instalación. La distinción importa porque la palabra mural acredita una relación arquitectónica, pero no describe por sí sola cómo se experimentaba la obra en aquel interior.

La arquitectura abre, en cualquier caso, otra dimensión del problema compartido. El encuentro con una composición destinada a un muro puede variar con la posición y el desplazamiento de quien habita el lugar. Esa variación pertenece a la relación entre cuerpo, pintura y entorno. En la estructura transformable, la articulación permite cambiar también la configuración del objeto. Son maneras diferentes de vincular el orden visual con el espacio de la experiencia.

Universalidad, aprendizaje y límites de una promesa

El ensayo de Darie sostiene una aspiración de alcance universal. El diseño aparece como denominador común de un lenguaje que permitiría comunicarse más allá del asunto representado; el espacio del cuadro se vincula incluso con el espacio cósmico. [1, p. digital 12] Esa expansión del argumento ofrece a la pintura de Carreño una legitimidad que desborda el gusto individual. La forma inventada aspira a expresar un orden y a producir una experiencia comunicable.

La potencia de esa propuesta reside en lo que exige reconocer: una obra puede comunicar sin describir un episodio, un personaje o un paisaje. La lectura se desplaza hacia proporciones, ritmos y relaciones cromáticas. El espectador encuentra sentido mediante una actividad perceptiva, y esa actividad merece ser considerada una experiencia intelectual y sensible completa.

Su límite aparece cuando una aspiración se confunde con una propiedad garantizada del lenguaje. Una relación geométrica no produce necesariamente la misma respuesta en todos los espectadores. El propio Darie se dirige al espectador «susceptible a este tipo de belleza», formulación que presupone una disposición particular. [1, p. digital 12] Entre el alcance universal anunciado y la recepción efectiva queda un espacio de aprendizaje, familiaridad y discusión.

La colaboración editorial adquiere aquí una importancia crítica adicional. Si mirar requiere desarrollar capacidades, la publicación de argumentos y la discusión pública forman parte de la construcción de una audiencia. La dimensión social de estas propuestas puede buscarse en esa mediación y en las modalidades de experiencia que ofrecen. Afirmar que una obra es universal, humana o participativa exige después examinar quién puede acceder a ella y qué posibilidades reales de relación establece.

También la participación material necesita una evaluación precisa. Las bisagras permiten variaciones determinadas, no una intervención ilimitada. El espectador de Darie actúa dentro de posibilidades diseñadas; el de Carreño desarrolla recorridos de atención que no pueden reducirse a una recepción pasiva. Esta doble observación evita identificar actividad exclusivamente con movimiento manual y reconoce distintos grados de iniciativa en el encuentro con una obra.

La relación entre Carreño y Darie resulta especialmente valiosa porque permite pensar la abstracción geométrica desde esa pluralidad. La colaboración documentada y el ensayo de 1957 muestran un territorio intelectual compartido; las pinturas, los relieves y las estructuras articuladas muestran decisiones materiales diferentes. La confianza común en la invención no anula esas diferencias: les da un problema sobre el cual trabajar.

Darie reconoce en Carreño una pintura cuya construcción hace posible la emoción y cuya estabilidad contiene una experiencia temporal. Carreño, al defender el alcance humano del arte concreto, ofrece argumentos para comprender la invención geométrica más allá de una acusación de frialdad. Entre ambos se vuelve visible una cuestión fundamental: cómo puede una forma construida adquirir sentido en la experiencia de otro. Las respuestas permanecen abiertas en las obras, donde mirar, relacionar y transformar son acciones con consecuencias distintas.

Juan Sarracino
Fuentes consultadas: Archivos Sarracino Gallery.

Referencias y localización documental

Las referencias [1] remiten al orden de las 23 páginas del archivo Binder1.pdf, conservado en los Archivos Sarracino Gallery. En [3], [4] y [5] se utiliza la paginación impresa. Las interpretaciones de las pinturas y del mural se basan en sus reproducciones en la publicación de 1957. Los datos materiales de las obras de Darie proceden de los registros de las instituciones que las conservan.

[1] Darie, Sandu. «Mario Carreño en la aventura plástica de este siglo». En Carreño 1950–1957. La Habana: Instituto Nacional de Cultura, febrero de 1957. Texto en pp. digitales 4, 8, 12 y 17; obras analizadas en pp. digitales 8, 12–14; datos institucionales en pp. digitales 21–22. Archivos Sarracino Gallery.

[2] Darie, Sandu; Mario Carreño y Luis Martínez Pedro. «Presentación». Noticias de Arte, año 1, núm. 1, septiembre de 1952, p. 3. Texto consultado en la transcripción de Abigail McEwen, «Arts magazines and the cosmopolitan vision of Cuban modernism, 1952–1961», International Research Forum for Graduate Students and Emerging Scholars, University of Texas at Austin, 2009, nota 2, pp. digitales 536–537 del volumen de ponencias. Consultar la transcripción en el repositorio de la University of Texas.

[3] Darie, Sandu. Cartas a Gyula Kosice del 3 de junio y del 14 de julio de 1955. En «Letters 1949–1958», Cold America: Geometric Abstraction in Latin America (1934–1973). Madrid: Fundación Juan March, 2011, p. 473; p. digital 479. Se consultó la transcripción traducida al inglés publicada en esta edición; las referencias del ensayo son paráfrasis. Consultar las cartas en Fundación Juan March.

[4] Carreño, Mario. «Algunas consideraciones sobre la pintura abstracta constructivista». Revista de Arte, segunda época, núms. 13–14. Santiago: Universidad de Chile, Instituto de Extensión de Artes Plásticas, p. 15; p. digital 16 del volumen MC0036205. Consultar la página original en Memoria Chilena.

[5] «Lo abstracto y lo concreto. Foro a través de la pintura de Mario Carreño». Revista de Arte, segunda época, núms. 13–14, pp. 16–21; pp. digitales 17–22 del volumen MC0036205. Se citan las intervenciones identificadas como Ramón Vergara y Mario Carreño. Consultar la transcripción publicada del foro.

Nota bibliográfica sobre [4] y [5]: existe una discrepancia de datación. La bibliografía de Cold America fecha los núms. 13–14 en 1958; el registro de la Biblioteca Nacional de Chile sitúa el inicio del conjunto digitalizado en 1959. Se mantienen el número y las páginas comprobados del ejemplar, sin resolver esa diferencia mediante una fecha supuesta. Registro bibliográfico de Memoria Chilena.

[6] Museum of Fine Arts, Houston. Sandú Darié, Sin título (de la serie Estructuras pictóricas), 1956. Caseína sobre construcción de madera; núm. de objeto 2018.86. Registro de la obra.

[7] The Metropolitan Museum of Art. Sandú Darié, Escultura transformable, hacia 1955. Madera pintada; núm. de objeto 2017.288. Registro de la obra y descripción de sus articulaciones.

Mario Carreño and Sandu Darie on Concrete Art

Form, experience, and the construction of a modern way of seeing

In 1957, Sandu Darie placed Mario Carreño’s painting within a collective undertaking: the renewal of the visual language of his century. The title of his essay, “Mario Carreño en la aventura plástica de este siglo,” announces that intention to establish a historical position. His argument brings together terms that a hurried reading might consider incompatible: emotion and control, intuition and construction, spirituality and spatial relationships. Examining these associations illuminates both the work being interpreted and the position of its interpreter. Darie writes about Carreño through questions that also engage his own artistic practice. [1]

Their relationship is therefore more significant than the coincidence of two artists working with geometric abstraction. Their writings and editorial collaboration reveal an intellectual affinity: a confidence that invented forms, detached from the immediate description of the visible world, can produce a meaningful human experience. Their works, however, assign different functions to space, time, and the viewer. In the Carreño paintings examined here, the gaze activates relationships that the composition holds stable. In Darie’s transformable structures, the viewer’s intervention can alter those relationships materially.

I propose reading this difference as a divergence within a shared concern. Both artists use geometry to investigate how an experience is constructed; its possibilities depend on their respective decisions about support, formal organization, and the participation of the person looking. The 1957 essay is the center of this reading. The collaboration on Noticias de Arte, Darie’s letters to Gyula Kosice, and Carreño’s statements recorded in Revista de Arte supply the documentary points of comparison.

A relationship built beyond the studio

The collaboration has a precise foundation. Carreño, Darie, and Luis Martínez Pedro founded Noticias de Arte. Their “Presentación,” published in September 1952, proposed broadening knowledge of national and international art and giving artists a space to communicate their ideas, open to different tendencies. The text is consulted here in the transcription included in a study by Abigail McEwen. [2]

This activity allows us to interpret their association as an intervention in the conditions under which art is received. Publishing means selecting subjects, circulating arguments, and addressing readers whose judgments may still be forming. Establishing a magazine brings a task of mediation into artistic practice: a new work needs opportunities to be seen and a language through which it can be discussed. The three artists’ association shows that the modernity they advocated was also being developed through shared initiatives.

A detail in the correspondence offers a more specific measure of that exchange. On June 3, 1955, Darie told Kosice that Carreño had received a publication from a Madí exhibition in Italy and had informed him that his name appeared in it. [3] The episode documents the circulation of news between them. Its significance lies in this connecting function: printed materials linked local experiences to discussions taking place elsewhere.

Their intellectual relationship became public in another way in 1957. Darie devoted a text to Carreño that accompanied his works in the Instituto Nacional de Cultura publication. Carreño is identified there as visual arts adviser; the colophon names Guillermo de Zendegui as director general. [1, digital pp. 21–22] This institutional precision helps situate the document: it involves a cultural body, an artist with responsibilities within it, and another artist formulating a critical judgment. The essay’s authority emerges from that engaged position. Darie participates in the artistic field he describes and seeks to shape Carreño’s recognition within it.

Darie interprets Carreño and defines a way of looking

The essay’s opening gives emotion a decisive role. According to Darie, Carreño’s paintings offer “an emotional impact expressed with determination.” [1, digital p. 4] Determination introduces will and organization into sensory experience. From that first sentence, formal construction appears as a way of directing emotion.

Later, Darie explains that the works made between 1950 and 1957 can be classified as “abstract nonfigurative”: abstract because of their intellectual content, and nonfigurative because they do not copy immediate reality. He adds that Carreño expresses his visual emotion through colors on the surface of the canvas and orders his forms with a constructive sense. [1, digital p. 8] This definition connects thought, matter, and feeling. The painting retains its condition as a worked object and a perceptual experience even when it abandons a recognizable referent.

The most revealing formulation occurs when Darie attributes to Carreño the ability to express his “artistic intuition” “under rationalized control.” In the same passage he mentions optical phenomena, psychological responses to color, vibrations of light, and texture. [1, digital p. 12] Reducing this interpretation to a defense of geometry as calculation would remove much of its substance. Rational organization makes possible an experience that includes sensory qualities irreducible to an inventory of shapes.

Looking performs an active function. Darie describes an “optical journey from one form to another,” during which the viewer discovers rhythm and traverses the painting’s space-time. [1, digital p. 12] The composition does not deliver its entire meaning at once. It requires shifts of attention, comparisons, returns, and the recognition of intervals. Time enters painting as the duration of an experience, although the support remains still.

This idea helps explain why Darie could recognize a significant interlocutor in Carreño. An artist investigating relationships among forms finds in another’s work an organization capable of mobilizing perception. The essay establishes a reasoned critical affinity. Reading it alongside the objects Darie was producing is particularly fruitful, without turning every statement about Carreño into an autobiographical declaration by the critic.

The scope of his praise also requires examination. Darie attributes an “intuitive golden law” to the compositions and concludes by asserting that Carreño’s historical importance has been demonstrated “with analytical rigor.” [1, digital pp. 12 and 17] The text offers formal observations, but presents no measurements establishing a systematic application of the golden ratio. The phrase communicates a conviction about balance; by itself, it does not demonstrate a geometric studio procedure. A critical reading can value the precision of certain observations while recognizing the assertive and persuasive character of the conclusion.

The contested meaning of concrete

The word concrete requires attention to the artists’ uses of it. In his letter to Kosice of July 14, 1955, Darie distinguishes abstract thought from the concrete work it produces and treats concrete art as a broad category extending beyond a particular affiliation. [3] This distinction helps explain how abstract and concrete can designate different aspects of the same process.

From this perspective, returning to the 1957 definition proves productive. When Darie calls Carreño’s painting abstract because of its intellectual content, he is naming an activity of thought. When he discusses surface, colors, and relationships among forms, he addresses its perceptible realization. The apparent terminological contradiction diminishes once those levels are distinguished. It remains necessary, however, to attend to differences between a painting that invents geometric relationships and a construction that introduces movable joints. A shared vocabulary does not determine in advance how each work functions.

Carreño’s position adds his own voice to the comparison. In “Algunas consideraciones sobre la pintura abstracta constructivista,” he presents geometry as a grammar connected to the search for order and relates pictorial autonomy to music. [4] In the Sol de Bronce forum, Ramón Vergara contrasts Carreño’s lyricism with a concrete art he considers dehumanized. Carreño rejects that characterization and defends the human capacity expressed through concrete invention. [5, pp. 17–18]

This disagreement is decisive for interpreting the relationship with Darie. The convenient opposition between a sensitive Carreño and a rationalist Darie would reproduce a boundary that Carreño himself resists. His statements raise a more demanding question: what do we understand by humanity in a work once the recognizable figure disappears? If artistic experience includes inventing, ordering, and perceiving relationships, human presence can manifest itself through those operations. Figuration then ceases to be its sole guarantee.

Carreño does not intervene in that forum to explain Darie’s essay. He speaks to other interlocutors in another situation. Comparing the two documents nevertheless reveals a convergence: the emotion Darie finds in pictorial construction is compatible with Carreño’s defense of invention. The affinity rests on comparable arguments, without requiring their positions to be identical or to derive from one another.

From the journey of the gaze to material transformation

Tiempo en el Espacio, of 1952, brings the discussion to a specific painting. In its reproduction in the 1957 publication, a horizontal field brings together thin lines, rectangular planes, and vertical accents. The diamond, arc, and triangular figures establish differences of direction and visual weight. Attention can follow the lines and pause at the larger figures, or reconstruct correspondences between separate areas. [1, digital p. 8]

The title invites consideration of a temporal dimension, but the composition provides a visual reason for doing so: its relationships are discovered in succession. What first appears as a set of isolated elements may subsequently be perceived as a network of correspondences. Darie’s interpretation finds observable support here. The journey depends both on the painter’s decisions and on the viewer’s attention; it permits variations without changing the painting’s material arrangement.

Tensión Espacial, of 1957, intensifies this experience. The color plate distinguishes two dark, elongated, pointed forms set against a light transverse shape and red and ocher planes. Visual concentration emerges through proximity, overlap, and opposing directions. [1, digital pp. 12–13] The stability of the support contains an organization of tensions. Calling it stable does not mean calling it serene: the distance between two contours or the contrast between two planes can hold the gaze in an expectation that remains unresolved.

Darie’s works introduce other material conditions. The Museum of Fine Arts, Houston holds an untitled work from the Estructuras pictóricas series, dated 1956 and made in casein on a wood construction. Its record describes raised planes over an orthogonal organization. [6] Relief makes depth a property of the object. Comparison with Carreño requires distinguishing that actual thickness from the effects of overlap that a painted surface can produce.

In Escultura transformable, around 1955, at the Metropolitan Museum of Art, painted wooden elements are joined by hinges and require the viewer’s participation to activate the work. [7] Articulation adds a possibility different from successive contemplation: changing the elements’ positions alters their spatial relationships. Time is also inscribed in the actual transformation of the object.

The distinction sharpens the meaning of composition. In the Carreño paintings examined here, the artist establishes an arrangement that the viewer explores and interprets. In a transformable structure, the artist also determines the conditions of variation: elements, joints, and possibilities of movement. The viewer’s intervention develops a field of decisions that has already been constructed. That freedom has a form and material limits.

This difference does not establish a scale of value. Physically modifying an object does not guarantee an experience more intense than looking at a painting. Nor does the permanence of a composition ensure greater depth. Each work must be judged by the precision with which it articulates its possibilities. The contrast reveals two ways of giving form a duration: through the discovery of relationships within a stable arrangement, or through their material reorganization.

The mural and the space shared with architecture

Carreño’s mural reproduced in the 1957 publication broadens the comparison. Its historical caption reads: “Mural realizado en una residencia particular, La Habana, 1954.” [1, digital p. 14] The mural is my property and forms part of my collection. Its place in this analysis reflects the interest of a work that allows us to examine the relationship between pictorial organization and a documented architectural destination.

The reproduction shows a horizontal field of rectangular planes, connecting lines, arcs, diamonds, and opposed triangles. A strongly developed vertical form finds a smaller echo within the ensemble. Reiteration introduces recognition; changes of size and position produce differences. The result can be read as an asymmetrical balance built through correspondences that never become uniform repetition.

The residential destination places that organization in relation to a lived space. The plate supports an analysis of its composition; reconstructing viewing distances, illumination, and exact relationships with the building would require documentation of the installation. The distinction matters because the word mural establishes an architectural relationship, but does not by itself describe how the work was experienced in that interior.

Architecture nevertheless opens another dimension of the shared problem. The encounter with a composition intended for a wall can vary with the position and movement of the person inhabiting the place. That variation belongs to the relationship among body, painting, and surroundings. In a transformable structure, articulation also allows the object’s configuration to change. These are different ways of connecting visual order to the space of experience.

Universality, learning, and the limits of a promise

Darie’s essay sustains an aspiration to universality. Design appears as the common denominator of a language capable of communicating beyond represented subject matter; the space of the painting is even connected to cosmic space. [1, digital p. 12] This expansion of the argument offers Carreño’s painting a legitimacy that exceeds individual taste. Invented form aspires to express an order and produce an experience that can be communicated.

The strength of this proposal lies in what it asks us to recognize: a work can communicate without describing an episode, a character, or a landscape. Interpretation shifts toward proportions, rhythms, and chromatic relationships. The viewer finds meaning through perceptual activity, and that activity deserves to be considered a complete intellectual and sensory experience.

Its limit emerges when an aspiration is confused with a guaranteed property of language. A geometric relationship does not necessarily produce the same response in every viewer. Darie himself addresses a viewer “susceptible to this type of beauty,” a formulation that presupposes a particular disposition. [1, digital p. 12] Between the announced universal reach and actual reception lies a space of learning, familiarity, and discussion.

Their editorial collaboration acquires further critical significance here. If looking requires the development of capacities, publishing arguments and holding public discussions are part of building an audience. The social dimension of these proposals can be sought in that mediation and in the forms of experience they offer. Asserting that a work is universal, human, or participatory calls for examining who can gain access to it and what real possibilities of engagement it establishes.

Material participation also requires precise assessment. Hinges allow specific variations rather than unrestricted intervention. Darie’s viewer acts within designed possibilities; Carreño’s viewer develops paths of attention that cannot be reduced to passive reception. This double observation avoids identifying activity exclusively with manual movement and recognizes different degrees of initiative in the encounter with a work.

The relationship between Carreño and Darie is especially valuable because it allows geometric abstraction to be considered through this plurality. Their documented collaboration and the 1957 essay reveal a shared intellectual territory; paintings, reliefs, and articulated structures reveal different material decisions. Their common confidence in invention does not cancel those differences: it gives them a problem on which to work.

Darie recognizes in Carreño a painting whose construction makes emotion possible and whose stability contains a temporal experience. Carreño, in defending the human scope of concrete art, offers arguments for understanding geometric invention beyond an accusation of coldness. Between them, a fundamental question becomes visible: how can a constructed form acquire meaning in another person’s experience? The answers remain open in the works, where looking, relating, and transforming are actions with different consequences.

Juan Sarracino
Fuentes consultadas: Archivos Sarracino Gallery.

References and document locations

References to [1] follow the sequence of the 23 pages in Binder1.pdf, held in the Sarracino Gallery Archives. References [3], [4], and [5] use printed pagination. Interpretations of the paintings and mural are based on their reproductions in the 1957 publication. Material information about Darie’s works comes from the records of the institutions that hold them. English quotations from Darie’s 1957 essay are translations of the Spanish text; the historical mural caption is retained in its original language.

[1] Darie, Sandu. “Mario Carreño en la aventura plástica de este siglo.” In Carreño 1950–1957. Havana: Instituto Nacional de Cultura, February 1957. Text on digital pp. 4, 8, 12, and 17; works discussed on digital pp. 8 and 12–14; institutional information on digital pp. 21–22. Sarracino Gallery Archives.

[2] Darie, Sandu; Mario Carreño; and Luis Martínez Pedro. “Presentación.” Noticias de Arte, year 1, no. 1, September 1952, p. 3. Consulted in the transcription in Abigail McEwen, “Arts magazines and the cosmopolitan vision of Cuban modernism, 1952–1961,” International Research Forum for Graduate Students and Emerging Scholars, University of Texas at Austin, 2009, note 2, digital pp. 536–537 of the collected papers. Read the transcription in the University of Texas repository.

[3] Darie, Sandu. Letters to Gyula Kosice of June 3 and July 14, 1955. In “Letters 1949–1958,” Cold America: Geometric Abstraction in Latin America (1934–1973). Madrid: Fundación Juan March, 2011, p. 473; digital p. 479. Consulted in the English transcription published in this edition; the essay paraphrases these passages. Read the letters at Fundación Juan March.

[4] Carreño, Mario. “Algunas consideraciones sobre la pintura abstracta constructivista.” Revista de Arte, second series, nos. 13–14. Santiago: Universidad de Chile, Instituto de Extensión de Artes Plásticas, p. 15; digital p. 16 of volume MC0036205. Read the original page at Memoria Chilena.

[5] “Lo abstracto y lo concreto. Foro a través de la pintura de Mario Carreño.” Revista de Arte, second series, nos. 13–14, pp. 16–21; digital pp. 17–22 of volume MC0036205. The essay refers to the interventions identified as Ramón Vergara and Mario Carreño. Read the published transcript of the forum.

Bibliographic note on [4] and [5]: the dating is inconsistent. The bibliography in Cold America dates nos. 13–14 to 1958; the Biblioteca Nacional de Chile record places the beginning of the digitized group in 1959. The verified issue numbers and pages are retained here, without resolving that discrepancy through an assumed date. Memoria Chilena bibliographic record.

[6] Museum of Fine Arts, Houston. Sandú Darié, Sin título (from the series Estructuras pictóricas), 1956. Casein on wood construction; object no. 2018.86. Collection record.

[7] The Metropolitan Museum of Art. Sandú Darié, Escultura transformable, ca. 1955. Painted wood; object no. 2017.288. Collection record and description of the hinged construction.

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